Oración Matutina Diaria

El Oficio comienza.

Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, Roca mía y Redentor mío. Salmo 19:14

Confesión de Pecado

Confesemos nuestros pecados contra Dios y contra nuestro prójimo.

Dios de misericordia,
confesamos que hemos pecado contra ti
por pensamiento, palabra y obra,
por lo que hemos hecho
y lo que hemos dejado de hacer.
No te hemos amado con todo el corazón;
no hemos amado a nuestro prójimo
  como a nosotros mismos.
Sincera y humildemente nos arrepentimos.
Por amor de tu Hijo Jesucristo,
ten piedad de nosotros y perdónanos;
así tu voluntad será nuestra alegría
y andaremos por tus caminos,
para gloria de tu Nombre. Amén.

Dios omnipotente tenga misericordia de nosotros, perdone todos nuestros pecados por Jesucristo nuestro Señor, nos fortalezca en toda bondad y, por el poder del Espíritu Santo, nos conserve en la vida eterna. Amén.

Invitatorio y Salterio

Señor, abre nuestros labios. Y nuestra boca proclamará tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: como era
en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los
siglos. Amén.

La misericordia del Señor es para siempre: vengan y adorémosle.

Salmos Invitatorios

Venite Salmo 95:1-7

Vengan, cantemos alegremente al Señor; *
  aclamemos con júbilo a la Roca que nos salva.
Lleguemos ante su presencia con alabanza, *
  vitoreándole con cánticos;
Porque el Señor es Dios grande, *
  y Rey grande sobre todos los dioses.
En su mano están las profundidades de la tierra, *
  y las alturas de los montes son suyas.
Suyo el mar, pues él lo hizo, *
  y sus manos formaron la tierra seca.
Vengan, adoremos y postrémonos; *
  arrodillémonos delante del Señor nuestro Hacedor;
Porque él es nuestro Dios;
  nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. *
¡Ojalá escuchen hoy su voz!

El Salmo

Salmo 78

Parte I Attendite, popule

1 Atiende, pueblo mío, mi enseñanza; *
inclina el oído a las palabras de mi boca.

2 Abriré mi boca en parábolas; *
declararé los enigmas de tiempos antiguos.

3 Lo que hemos oído y conocido,
lo que nuestros antepasados nos contaron, *
no lo encubriremos de sus hijos.

4 Contaremos a las generaciones venideras
las hazañas loables del Señor, y su poder, *
y las maravillas que ha hecho.

5 Entregó sus decretos a Jacob;
estableció su ley en Israel, *
y mandó que la enseñasen a sus hijos;

6 Para que lo supieran las generaciones siguientes
y los hijos aún por nacer, *
y para que a su vez lo contaran a sus hijos;

7 A fin de que pusieran en Dios su confianza,
y no se olvidaran de las obras de Dios, *
sino que guardaran sus mandamientos;

8 Y no fueran como sus antepasados,
generación contumaz y rebelde, *
generación de corazón inconstante,
de espíritu infiel a Dios.

9 Los guerreros de Efraín, provistos de arcos, *
volvieron la espalda en el día de batalla.

10 No guardaron el pacto de Dios; *
se negaron a seguir su ley.

11 Se olvidaron de sus obras, *
y de las maravillas que les había mostrado.

12 Hizo portentos a la vista de sus antepasados, *
en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.

13 Dividió el mar, y los hizo pasar, *
sujetando las aguas como muros.

14 Les guió de día con nube, *
y toda la noche con resplandor de fuego.

15 Hendió las peñas en el desierto, *
y les dio a beber como si fuera de grandes abismos.

16 Sacó de la peña, corrientes, *
y brotaron las aguas como ríos.

17 Pero siguieron pecando contra él, *
rebelándose contra el Altísimo en el desierto.

18 Tentaron a Dios en sus corazones, *
exigiendo comida a su antojo.

19 Vituperaron a Dios y dijeron: *
"¿Podrá Dios preparar mesa en el desierto?

20 En verdad, hendió la peña,
brotaron aguas y los arroyos rebosaron, *
pero, ¿podrá darnos pan, proveer de carne a su pueblo?"

21 Cuando el Señor oyó esto, se enojó; *
se encendió un fuego contra Jacob,
hirvió su cólera contra Israel;

22 Porque no tenían fe en Dios, *
ni confiaban en su auxilio.

23 Por tanto, dio orden a las altas nubes, *
abrió las compuertas de los cielos.

24 Hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, *
y les dio trigo de los cielos.

25 Así, los mortales comieron pan de ángeles; *
les mandó comida hasta saciarles.

26 Hizo soplar desde el cielo el Levante, *
y dirigió con su fuerza el viento Sur.

27 Hizo llover carne sobre ellos como polvo, *
y como arena del mar, aves que vuelan.

28 Las hizo caer en medio del campamento *
y alrededor de sus tiendas.

29 Comieron, y se saciaron, *
porque él satisfizo su antojo.

30 Pero no terminó ahí su antojo, *
aunque todavía estaba la comida en su boca.

31 Por tanto, hirvió la ira de Dios contra ellos; *
mató a los más robustos,
y derribó a la flor de Israel.

32 A pesar de esto, aún pecaron, *
y no tuvieron fe en sus proezas.

33 Consumió entonces sus días como un soplo, *
y sus años en súbito terror.

34 Cuando los mataba, ellos lo buscaban, *
se arrepentían y lo buscaban de veras.

35 Se acordaban de que Dios era su Roca, *
y el Dios Altísimo, su Redentor.

36 Pero le lisonjeaban con su boca, *
y con su lengua le mentían.

37 Su corazón no era firme con él, *
ni eran fieles a su pacto;

38 Pero él, misericordioso,
perdonaba sus pecados y no los destruía; *
contuvo muchas veces su ira,
y no despertó su enojo;

38 Porque se acordó de que eran carne, *
soplo que se va y no vuelve.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Las Lecciones

Jueces 7:1-18

1 Gedeón, a quien ahora llamaban Jerubaal, y todos los que estaban con él, se levantaron de madrugada y fueron a acampar junto al manantial de Harod. El campamento de los madianitas les quedaba entonces al norte, en el valle que está al pie del monte de Moré.

2 El Señor le dijo a Gedeón: "Traes tanta gente contigo que si hago que los israelitas derroten a los madianitas, van a alardear ante mí creyendo que se han salvado ellos mismos.

3 Por eso, dile a la gente que cualquiera que tenga miedo puede irse a su casa." De este modo Gedeón los puso a prueba, y se fueron veintidós mil hombres, quedándose diez mil.

4 Pero el Señor insistió: "Son muchos todavía. Llévalos a tomar agua, y allí yo los pondré a prueba y te diré quiénes irán contigo y quiénes no."

5 Gedeón llevó entonces a la gente a tomar agua, y el Señor le dijo: "Aparta a los que beban agua en sus manos, lamiéndola como perros, de aquellos que se arrodillen para beber."

6 Los que bebieron agua llevándosela de las manos a la boca y lamiéndola como perros fueron trescientos. Todos los demás se arrodillaron para beber.

7 Entonces el Señor le dijo a Gedeón: "Con estos trescientos hombres voy a salvarlos a ustedes, y derrotaré a los madianitas. Todos los demás pueden irse."

8 Gedeón mandó entonces que todos los demás regresaran a sus tiendas; pero antes de que se fueran les recogió sus cántaros y sus cuernos de carnero. Solo se quedó con los trescientos hombres escogidos, acampando más arriba de los madianitas, que estaban en el valle.

9 Aquella noche el Señor le ordenó a Gedeón: "Levántate y baja a atacar a los madianitas, pues los voy a entregar en tus manos.

10 Pero si tienes miedo de atacarlos, baja antes al campamento con Purá, tu criado,

11 y escucha lo que digan. Después te sentirás con más ánimo para atacarlos." Entonces Gedeón bajó con Purá, su criado, hasta los puestos avanzados del campamento enemigo.

12 Los madianitas, los amalecitas y la gente del oriente se habían esparcido por el valle como una plaga de langostas. Tenían tantos camellos como arena hay a la orilla del mar.

13 Al acercarse Gedeón al campamento enemigo, oyó que un soldado le contaba a otro un sueño que había tenido. Le decía: Soñé que un pan de cebada venía rodando hasta nuestro campamento, y que al chocar contra una tienda la hacía caer.

14 Y su compañero le contestó: Eso no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, el israelita. Dios va a entregar en manos de Gedeón a los madianitas y a todo su campamento.

15 Al oir cómo se había contado e interpretado el sueño, Gedeón adoró al Señor. Después volvió al campamento israelita y ordenó: ¡Arriba, que el Señor va a entregarnos el campamento madianita!

16 En seguida dividió sus trescientos hombres en tres grupos, y les dio cuernos de carnero a todos y unos cántaros vacíos que llevaban dentro antorchas encendidas.

17 Y les dijo: Cuando llegue yo al otro lado del campamento enemigo, fíjense en mí y hagan lo mismo que me vean hacer.

18 Cuando yo y los que van conmigo toquemos el cuerno, tóquenlo ustedes también alrededor de todo el campamento, y griten: '¡Por el Señor y por Gedeón!'

Palabra del Señor.
  Demos gracias a Dios.

6 Cántico de Alabanza Benedictus es, Domine
Daniel (dc) 3:26, 52-56

Bendito eres tú, Señor Dios de nuestros padres; *
  digno de alabanza, eres bendito.
Bendito el fulgor de tu santo Nombre, *
  alabado y exaltado sobre todo para siempre.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria, *
  en el trono de tu reino eres bendito.
Bendito eres, sentado sobre querubines, *
  alabado y exaltado sobre todo para siempre.
Bendito tú, que sondeas los abismos; *
  en la bóveda celeste eres bendito.
Bendito tú: Padre, Hijo y Espíritu Santo, *
  alabado y exaltado sobre todo para siempre.

Hechos 3:1-11

1 Un día, Pedro y Juan fueron al templo para la oración de las tres de la tarde.

2 Allí, en el templo, estaba un hombre paralítico de nacimiento, al cual llevaban todos los días y lo ponían junto a la puerta llamada la Hermosa, para que pidiera limosna a los que entraban.

3 Cuando el paralítico vio a Pedro y a Juan, que estaban a punto de entrar en el templo, les pidió una limosna.

4 Ellos lo miraron fijamente, y Pedro le dijo: Míranos.

5 El hombre puso atención, creyendo que le iban a dar algo.

6 Pero Pedro le dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

7 Dicho esto, Pedro lo tomó por la mano derecha y lo levantó, y en el acto cobraron fuerzas sus pies y sus tobillos.

8 El paralítico se puso en pie de un salto y comenzó a andar; luego entró con ellos en el templo, por su propio pie, brincando y alabando a Dios.

9 Todos los que lo vieron andar y alabar a Dios,

10 se llenaron de asombro y de temor por lo que le había pasado, ya que conocían al hombre y sabían que era el mismo que se sentaba a pedir limosna en el templo, en la puerta llamada la Hermosa.

11 El paralítico que había sido sanado no soltaba a Pedro y a Juan. Toda la gente, admirada, corrió a la parte del templo que se llama Pórtico de Salomón, donde ellos estaban.

Palabra del Señor.
  Demos gracias a Dios.

11 Cántico al Cordero Dignus es
Apocalipsis 4:11; 5:9-10, 13

Digno es, Señor nuestro Dios, *
  atribuirte la gloria, el honor y el poder;
Porque tú has creado el universo, *
  y por tu voluntad existió y fue creado.
Y digno es atribuir lo mismo a ti, Cordero inmolado, *
  porque con tu sangre compraste para Dios,
De toda raza, lengua, pueblo y nación, *
  un reino de sacerdotes para servir a nuestro Dios.
Por tanto, al que está sentado en el trono, *
  y a Cristo el Cordero,
Sean adoración y honor, gloria y señorío, *
  por los siglos de los siglos. Amén.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso,
  creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
  Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo
    y nació de la Virgen María.
  Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
  Fue crucificado, muerto y sepultado.
  Descendió a los infiernos.
  Al tercer día resucitó de entre los muertos.
  Subió a los cielos,
    y está sentado a la diestra de Dios Padre.
  Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
  la santa Iglesia católica,
  la comunión de los santos,
  el perdón de los pecados,
  la resurrección de los muertos,
  y la vida eterna. Amén.

Plegarias

Padre nuestro que estás en el cielo,
  santificado sea tu Nombre,
  venga tu reino,
  hágase tu voluntad,
    en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
  como también nosotros perdonamos
    a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación
  y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino,
  tuyo es el poder,
  y tuya es la gloria,
  ahora y por siempre. Amén.

Sufragios

Señor, muéstranos tu misericordia;
  Y concédenos tu salvación.
Reviste a tus ministros de justicia;
  Que cante tu pueblo de júbilo.
Establece, Señor, la paz en todo el mundo;
  Porque sólo en ti vivimos seguros.
Protege, Señor, a esta nación;
  Y guíanos por la senda de justicia y de verdad.
Que se conozcan en la tierra tus caminos;
  Y entre los pueblos tu salvación.
Señor, que no se olvide a los necesitados;
  Ni se arranque la esperanza a los pobres.
Señor, crea en nosotros un corazón limpio;
  Y susténtanos con tu Santo Espíritu.

Colecta del día: Pentecostés: Propio 13

Que tu constante misericordia purifique y defienda a tu Iglesia, oh Señor; y, puesto que no puede continuar en seguridad sin tu auxilio, protégela y dirígela siempre por tu bondad; por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina
contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Colecta por la gracia

Señor Dios, todopoderoso y eterno Padre, nos hiciste llegar sanos y salvos hasta este nuevo día: Consérvanos con tu gran poder, para que no caigamos en pecado, ni nos venza la adversidad; y, en todo lo que hagamos, dirígenos a realizar tus designios; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Por la misión de la Iglesia

Señor Jesucristo, tú extendiste tus brazos amorosos sobre el cruel madero de la cruz, para estrechar a todos los seres humanos en tu abrazo salvador: Revístenos con tu Espíritu de tal manera que, extendiendo nuestras manos en amor, llevemos a quienes no te conocen a reconocerte y amarte; por el honor de tu Nombre. Amén.

Acción de Gracias en General

Dios omnipotente, Padre de toda misericordia,
nosotros, indignos siervos tuyos, humildemente
  te damos gracias
por todo tu amor y benignidad
a nosotros y a todos los seres humanos.
Te bendecimos por nuestra creación, preservación
y todas las bendiciones de esta vida;
pero sobre todo por tu amor inmensurable
en la redención del mundo por nuestro Señor Jesucristo;
por los medios de gracia, y la esperanza de gloria.
Y te suplicamos nos hagas conscientes de tus bondades
de tal manera que, con un corazón verdaderamente
  agradecido,
proclamemos tus alabanzas,
no sólo con nuestros labios, sino también con nuestras vidas,
entregándonos a tu servicio y caminando en tu presencia,
en santidad y justicia, todos los días de nuestra vida;
por Jesucristo nuestro Señor,
a quien, contigo y el Espíritu Santo,
sea todo honor y gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración de San Juan Crisóstomo

Dios todopoderoso, que nos diste la gracia para unirnos en este momento, a fin de ofrecerte nuestras súplicas en común; y que, por tu muy amado Hijo, nos prometiste que, cuando dos o tres se congregan en su Nombre, tú estarás en medio de ellos: Realiza ahora, Señor, nuestros deseos y peticiones como mejor nos convenga; y concédenos en este mundo el conocimiento de tu verdad y en el venidero, la vida eterna. Amén.

La bendición

Bendigamos al Señor.
Demos gracias a Dios.

Gloria a Dios, cuyo poder, actuando en nosotros, puede realizar todas las cosas infinitamente mejor de lo que podemos pedir o pensar: Gloria a él en la Iglesia de generación en generación, y en Cristo Jesús por los siglos de los siglos. Amén. Efesios 3:20, 21