Hechos 9:10-31
10 En Damasco vivía un creyente que se llamaba Ananías, a quien el Señor se le presentú en una visiún y le dijo: "¡Ananías!" Él contestú: "Aquí estoy, Señor." 11 El Señor le dijo: "Levántate y vete a la calle llamada Derecha, y en la casa de Judas pregunta por un hombre de Tarso que se llama Saulo. Está orando, 12 y en una visiún ha visto a uno llamado Ananías que entra y pone sus manos sobre él para que pueda ver de nuevo." 13 Al oir esto, Ananías dijo: "Señor, muchos me han hablado de ese hombre y de todos los males que ha causado en Jerusalén a tu pueblo santo. 14 Y ahora ha venido aquí, con autorizaciún de los jefes de los sacerdotes, a llevarse presos a todos los que invocan tu nombre." 15 Pero el Señor le dijo: "Ve, porque he escogido a ese hombre para que hable de mí a la gente de otras naciones, y a sus reyes, y también a los israelitas. 16 Yo le mostraré lo mucho que tiene que sufrir por mi causa." 17 Ananías fue a la casa donde estaba Saulo. Al entrar, puso sus manos sobre él, y le dijo: --Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareciú en el camino por donde venías, me ha mandado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo. 18 Al momento cayeron de los ojos de Saulo una especie de escamas, y recobrú la vista. Entonces se levantú y fue bautizado. 19 Después comiú y recobrú las fuerzas, y se quedú algunos días con los creyentes que vivían en Damasco. 20 Luego Saulo comenzú a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios. 21 Todos los que lo oían se quedaban asombrados, y decían: --¿No es este el que andaba persiguiendo en Jerusalén a los que invocan el nombre de Jesús? ¿No es el mismo que también vino aquí para arrestarlos y entregarlos a los jefes de los sacerdotes? 22 Pero Saulo hablaba cada vez con más valor, y dejaba confundidos a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es el Mesías. 23 Al cabo de muchos días, los judíos se pusieron de acuerdo para matar a Saulo, 24 pero él llegú a saberlo. Día y noche lo esperaban en las puertas de salida de la ciudad, para matarlo, 25 pero sus discípulos lo pusieron en un gran canasto y lo bajaron de noche por la muralla que rodeaba la ciudad. 26 Cuando Saulo llegú a Jerusalén, quiso reunirse con los creyentes; pero todos le tenían miedo, porque no creían que él también fuera creyente. 27 Sin embargo, Bernabé lo llevú y lo presentú a los apústoles. Les contú que Saulo había visto al Señor en el camino, y que el Señor le había hablado, y que, en Damasco, Saulo había anunciado a Jesús con toda valentía. 28 Así Saulo se quedú en Jerusalén, y andaba con ellos. Hablaba del Señor con toda valentía, 29 conversando y discutiendo con los judíos que hablaban griego; pero estos procuraban matarlo. 30 Cuando los hermanos se dieron cuenta de ello, llevaron a Saulo a Cesarea, y de allí lo mandaron a Tarso. 31 Entonces la iglesia, en todas las regiones de Judea, Galilea y Samaria, tenía paz y crecía espiritualmente. Vivía en el temor del Señor y, con la ayuda del Espíritu Santo, iba aumentando en número.